Abominación

“You love the game…”

“Nasty scars…”

“Pretty lies…”

“It’s gonna be forever…”

“Cause you know I love the players and you love the game…”

Dentro del barro un monstruo adormecido lucha por salir. Entre toda la mugre es difícil distinguir una cosa de la otra; desde la orilla todo es lo mismo, podría ser útil o inservible, da igual. Los brazos, esas cosas estériles apenas aferradas a lo que podría llamarse torso, se mueven torpemente removiendo escombros, basura y restos de un lado al otro. Por supuesto la tarea es inútil. Mientras un brazo empuja tinta y tiras para un lado, crujidos y sonidos que nunca serán caen desde el otro lado. Litros y litros de pintura chorrean por las paredes arrastrando restos humanos, teléfonos celulares, muebles y sueños demacrados. En un mundo detestable el monstruo es un habitante más. Pero si esto no fuera detestable y fuera simplemente el mundo que conocemos entonces el monstruo no sería una abominación que intenta abrirse paso, sería tal vez a quién reconoceríamos como una persona a ser salvada. No puedo distinguirlo en este momento, no sé que es este mundo ni que soy yo. Es posible que si esto me resulta nauseabundo entonces yo lo sea menos, pero también es posible que me vea reflejado. Esto podría ser yo o parte de mi o incluso un anhelo o una emoción que no puedo o no quiero reconocer. A veces lo aterrador es monstruoso y si mis miedos tuvieran una forma física seguramente enfrentarme cara a cara con esa realidad sería nauseabundo o incluso intolerable. ¿Y si eso que intenta salir es lo que temo? No sé si enfrentarlo, eliminarlo o entenderlo. Y es esto último lo que más temor me da y a la vez mayores certezas.

Comienzo a ver la abominación asomar, la reconozco como parte de mi y le temo. Pero ya la he visto. Ella sabe que yo sé. A partir de ahora ya nada será lo mismo. Ya nada debería ser lo mismo.

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